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Agrupación por los Derechos de los Hijos

LOS ALCANCES DE LA NUEVA LEY DE TUICIÓN COMPARTIDA

LOS ALCANCES DE LA NUEVA LEY DE TUICIÓN COMPARTIDA

 El 23 de septiembre de 2013 por primera vez, en la Región del Maule, se realizó una audiencia de conciliación en el marco de la nueva Ley 20.680 de Tuición Compartida y corresponsabilidad, normativa que busca fortalecer la integridad y calidad de vida de los hijos de padres separados.

El trámite, que contó con el respaldo de los profesionales de la Clínica Jurídica de la Escuela de Derecho de la Universidad de Talca, se realizó a poco más de tres meses de entrada en vigencia la nueva normativa.

“Marcó un hito porque fue el primer caso de conciliación en la Corte que se produjo en el marco de esta ley”, recordó el director de la Clínica, Miguel Ángel Reyes.

Desde entonces y a la fecha solo dos hombres han llegado hasta las dependencias de la Clínica para solicitar el cuidado personal compartido. “Se espera un alza, pero aún no se ha concretado”, comentó Reyes.

EL CAMBIO

Antes de promulgada la ley en caso de separación de una pareja el cuidado de los hijos correspondía siempre a la madre.

“El hombre debía probar que la mujer era inhábil mental o físicamente para asumir esta responsabilidad, lo cual era un proceso muy difícil y complejo”, recordó la directora de la Escuela de Derecho del Campus Santiago de la Universidad de Talca, Carolina Riveros.

En este contexto, agregó que el nuevo marco legal “vino a remediar una desigualdad existente en el Código Civil que estimaba con mayores habilidades parentales a la madre per-se, discriminando al padre, sin que existiese de por medio ningún proceso de acreditación de dichas habilidades. Eso era una absoluta transgresión al principio de igualdad”.

No obstante, la académica sostuvo que si bien la norma estableció la tuición compartida de común acuerdo, no existe ninguna norma legal que otorgue el cuidado personal a ambos padres.

“Solo se va a dar en el caso que sea de forma voluntaria, es decir, que sea consentida entre ambos padres. En caso de que ello no sea posible los menores se quedan con el padre o madre con que estén conviviendo”, explicó.

“Por lo tanto, suena inicialmente una plena igualdad respecto de los padres, pero en realidad no es tan así. En muchos casos los hijos conviven con la madre, por lo tanto, puede ocurrir que se mantenga esa convivencia cuando no hay acuerdo, y tampoco hay un incentivo para que sea de otro modo”, precisó.

En ese contexto, la docente señaló que el mayor aporte de la Ley es que abrió la posibilidad de generar un espacio para la reflexión entre los progenitores en torno al tema.

“Conlleva a que muchas personas tengan mayor posibilidad de ponerse de acuerdo, se cuestionen el tema, pero más bien pasa por la buena o mala voluntad de los individuos y no por una norma legal que debió haber establecido cual de ellos tenía mejores habilidades parentales y, de esa manera, el tribunal tomar la decisión”, puntualizó.

MINORÍA

Lo anterior es precisamente uno de los problemas que a juicio de la Agrupación “Amor de Papá”, gestora del proyecto que dio vida a la ley, ha enfrentado la actual legislación.

“Hemos tenido algunos casos exitosos en que se ha logrado la custodia compartida de los niños, y otros en los cuales se ha conseguido a través de mediación o acuerdo en tribunales un régimen de visita ampliado. Lamentablemente, estos casos -que no superan el 10%- están supeditados a la buena voluntad y a los acuerdos con la contraparte”, relató el presidente de la entidad, Patricio Retamales.

Misma percepción compartió la Agrupación por los Derechos de los Hijos (ADERHI), según la cual las oportunidades en que se ha logrado establecer cuidado personal compartido son muy reducidas, toda vez que ante un quiebre matrimonial se vuelve más complejo llegar a un acuerdo.

“Son bajos, para no decir nulos. Si los progenitores se preocupan solo de sus conflictos, la probabilidad de existir un acuerdo compartido es baja, y comienzan a evidenciarse falsas demandas por abuso sexual o de violencia intrafamiliar, exponiendo a los menores a exámenes físicos y psicológicos que terminan en una victimización secundaria, existiendo una desvinculación en la relación entre ese hijo y su progenitor”, plantearon.

PREJUICIOS

A la hora de los balances, a juicio de ADERHI hasta ahora los principales cambios generados desde la puesta en marcha del nuevo cuerpo legal están dados a nivel legislativo, ya que en la realidad se mantienen prácticas heredadas del sistema anterior.

“Existen muchos jueces que mantienen en su memoria la antigua legislación para tomar un veredicto, independiente que existan habilidades parentales débiles por parte de uno de los progenitores, y dentro de esto, el cuidado personal se le otorga a favor de la madre, manteniendo una conducta y decisión a favor de la antigua ley”, afirmaron.

En este contexto, Patricio Retamales señaló que si bien la Ley representó un avance en términos de que permitió reconocer las capacidades de ambos padres para ejercer dicha función, aún queda mucho camino por avanzar.

“Los prejuicios basados en los estereotipos por sexo y la discriminación hacia los hombres en cuanto al cuidado de los niños siguen siendo un problema cultural, no sólo en Chile, pero eso no sólo se cambia con nuevas leyes, sino con cambios en las políticas gubernamentales basados en un principio de igualdad y respeto mutuo, y con un cambio en la educación de nuestros niños y jóvenes”, reflexionó.

Desde esa perspectiva valoró el hecho de que la norma permitió abrir el debate en torno al cuidado de los hijos en la sociedad.

“Hay un cambio en el inconsciente colectivo social, donde los ciudadanos perciben que hay una nueva ley que protege a los niños, de no ser separado de su padre y todo su entorno, en los casos de divorcios en que la madre queda con el cuidado personal, es una ley que pone el acento en el ‘interés superior del niño’ y no en reivindicaciones de género u otra clase”, subrayó.

CAMBIO SOCIAL

Para el académico de la escuela de Psicología de la Universidad de Talca, Andrés Fresno, una posible explicación para comprender la reticencia que existe en nuestra sociedad para entregar el cuidado de los hijos a los hombres tiene que ver con los roles de género en base a los cuales, históricamente, se ha estructurado la familia.

“Desde la revolución industrial en general la familia se ha ido nuclearizando, o sea, se han delimitado ciertas acciones al interior del hogar que han sido atribuidos más a un sexo que al otro”, planteó.

“El padre asumió un rol de proveedor externo, fuera del hogar, y se le asignó a la madre el de cuidadora de los hijos y de la casa. Eso se mantuvo hasta los años 70 cuando distintos movimientos sociales y culturales empezaron a mostrar que los hombres también son capaces de criar, que también pueden ser sensibles y desarrollar las tareas que se asignan a las madres, sin que eso signifique un menoscabo para su identidad masculina”, precisó.

El especialista sostuvo que este cambio de paradigma es el que está enfrentando nuestro país, aunque de forma paulatina.

“Estamos en un proceso de transición, es decir, fuimos educados con el rol tradicional, nuestros padres eran generalmente proveedores, pero ahora nos están diciendo que tiene que cambiar y pasar más tiempo con su hijo, darle comida, cambiarle pañales, jugar”, reflexionó.

Agregó que lo importante es que más allá de las construcciones sociales, hombres y mujeres son absolutamente capaces de cuidar a un niño, por lo cual su cuidado debiera recaer en aquel que le ofrezca el ambiente más adecuado para su desarrollo.

Por lo mismo, y desde la otra vereda, Fresno señaló que tampoco se debiera “castigar” socialmente a aquellas mujeres que no queden a cargo del cuidado personal de los hijos.

“Es importante entender que ambos pueden ser cuidadores competentes y que el hecho de que uno tenga la tuición no significa que el otro esté inhabilitado, sino que hay diversos factores y competencias que pueden favorecer el desarrollo del menor”, indicó.

En ese sentido, Fresno señaló que lo más importante es velar porque el menor pueda mantener el vínculo con ambos padres. “Que éstos asuman su parentalidad de manera compartida, haciendo lo posible porque sus dificultades de pareja interfieran lo menos posible en ello”, subrayó.

 

Fuente:  http://www.ciudad.utalca.cl/?p=1805 CIUDAD COMUNICADA ® periódico de la Universidad de Talca.

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